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Ana María Matute: Cuando las hadas hablan

La escritora durante la charlaCasi hubo que pelearse el pasado sábado para conseguir entrar al Salón de Columnas del Círculo de Bellas Artes, donde tuvo lugar el cara a cara entre las escritoras Ana María Matute y Juana Salabert, dentro del III Festival Literario EÑE. Todo el mundo quería estar cerca de la escritora de cuentos para niños que ya son adultos; de quien hizo volar la imaginación y el espíritu de varias generaciones de lectores.  

 

Durante el coloquio se trató no sólo su obra literaria, sino también temas tan comprometidos como la guerra, la censura o las presiones editoriales que sufren los escritores jóvenes, en referencia a las cuales la escritora dijo "no se puede escribir un libro al año, hay que tener un libro dentro para poder escribirlo". 

Matute se mostró siempre astuta, siempre aguda, siempre dispuesta a ser honesta (como lo ha sido siempre) con la multitud que le miraba con ojos embelesados. “Yo he conocido el amor desde pequeña; el odio no, al final del odio siempre he pensado: qué pereza” decía la autora de Olvidado Rey Gudú, libro que, confesó, es el más querido por ella.

Las escritoras durante el coloquioLa autora reafirmó la importancia de que la infancia sea tratada en la narrativa como lo que es: "el despertar a la vida y la pérdida de la inocencia". Quien es considerada una de las más certeras descriptoras de la etapa primigenia, demostró una vez más que continúa renegando de aquellos que no ven en los niños una autonomía de pensamiento suficiente para mirar al mundo con su "verdad agridulce".

A sus 86 años, la “eterna niña de la prosa” desgajaba en cada frase el por qué su alma es puramente literaria: “[La literatura] es una vocación, no lo sé; es una profesión, no lo sé. Lo que sé es que es una forma de estar en el mundo, de manifestarse”.  Con este cariño por su ‘modo de estar en la vida’, Matute demostró por qué es la última Premio Cervantes  y por qué ocupa el asiento K de la Real Academia Española.

“Escribiendo es cuando soy yo de verdad”. Todos pudimos verlo. La escritora catalana aún pone ojos de niña cuando habla de sus cuentos. Los personajes desvalidos que tanta importancia tienen en su obra, resurgen con fuerza en boca de su creadora. Aleixandre, Delibes, Chéjov o Poe se aparecen en la sala cuando Matute los evoca. La Dama Blanca hace honor a su sobrenombre no sólo con su cabellera, sino también con su espíritu.

Comentarios   

 
0 #2 Alexandra López 18-11-2011 12:30
¡Fue todo un honor poder disfrutar de ella!
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0 #1 chabe 18-11-2011 12:29
Precioso artículo. me ha gustado mucho, "eterna niña de la prosa" Excelente
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